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un legado milenerio entre los Psicodélicos y las culturas indígenas

  • LS
  • 15 nov 2024
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 12 ene 2025



En el 2008, los antropólogos descubrieron una cueva en plena Cordillera de los Andes, al suroeste de Bolivia, y encontraron una pequeña bolsa de cuero que había pertenecido a un chamán de la civilización Tiwanaku, un imperio precolombino de hace más de 1.000 años.


En el interior de la bolsa encontraron un tubo para inhalar, espátulas para triturar las semillas de plantas psicoactivas y restos de sustancias químicas que iban desde la cocaína hasta la psilocina, uno de los alucinógenos activos de los hongos mágicos, y los ingredientes básicos del té psicoactivo ayahuasca. Las sustancias encontradas también despiertan un interés creciente entre los investigadores médicos. Aunque estas sustancias para las culturas antiguas eran consideraros como medicinas espirituales.


Los psicodélicos han ido ganando atención en el mundo occidental como una posible forma de abordar la creciente crisis de salud mental, como el MDMA (éxtasis), el LSD, la psilocibina (otro compuesto presente en los hongos alucinógenos) y la ketamina.

Los defensores del uso de estos compuestos psicodélicos los consideran como una nueva clase de tratamientos para trastornos psiquiátricos como la ansiedad, la depresión y el abuso de sustancias, entre otros. Se cree que los compuestos pueden ayudar a modificar la perspectiva de las personas con las llamadas “enfermedades de la desesperación”, como el suicidio, la sobredosis de drogas y el abuso de alcohol, en combinación con la terapia de conversación. Estos tratamientos también son criticados por ser potencialmente dañinos.


Yuria Celidwen, académica de la Universidad de California-Berkeley, explicó que el término “psicodélico” es en gran medida un concepto occidental moderno. “La creencia en Occidente es que se utilizan para tratar trastornos de salud mental”, afirmó Celidwen, quien tiene ascendencia indígena nahua y maya, y que pretende utilizar su investigación para recuperar, revitalizar y transmitir la sabiduría indígena.


“Pero el uso indígena no sólo tiene que ver con rituales y ceremonias, sino con prácticas cotidianas. Por ejemplo, si se perdía algo de valor, la comunidad acudía al curandero”, recordó.







Los documentos históricos sí apuntan al uso de sustancias psicoactivas con fines curativos, pero este era solo un pequeño aspecto de su uso.

En cambio, las medicinas espirituales desempeñaron un papel importante en la construcción de conexiones dentro de las comunidades, rituales sagrados, cuidados paliativos, exploración de la conciencia, facilitación de la creatividad y hedonismo.


Los antiguos griegos y romanos celebraban ritos estacionales que implicaban la ingestión de una droga psicoactiva llamada kykeon que contenía alucinógenos similares al LSD.


Sin embargo, Osiris Sinuhé González Romero, investigadora de la Universidad de Saskatchewan (Canadá), que documenta la historia del conocimiento indígena, aseveró que el uso de psicodélicos probablemente se remonta a mucho más atrás en la historia humana.


Celidwen afirmó que, si bien el uso de psicodélicos en Occidente se centra en el individuo, gran parte del uso de sustancias psicoactivas en las culturas antiguas de las Américas siempre se ha basado en la interacción con los mundos natural y espiritual.


“En la mayoría de estas culturas tradicionales, no tenemos ese sentido de división entre lo humano y el mundo natural”, dijo Celidwen.


“Creemos que siempre estamos interactuando con la conciencia viva y receptiva que nos rodea, y cuando usamos medicinas espirituales, buscamos comunicarnos y restablecer el equilibrio con ese mundo. Por lo tanto, el contexto nunca es el bienestar individual o la salud mental, sino el bienestar colectivo del medio ambiente en su conjunto”, puntualizó.


En la medicina occidental existe un creciente interés por el uso de psicodélicos como una forma de cambiar la perspectiva con la ayuda de la psicoterapia, ayudando a las personas a procesar el trauma y modificando los patrones de pensamiento introspectivo que pueden aparecer en condiciones como la ansiedad y la depresión.


Tras estudiar documentos sobre la medicina azteca, González Romero descubrió que la música, en particular los tambores, desempeñaban un papel desde hace mucho tiempo en las ceremonias psicodélicas, ya que refleja el latido del corazón y se creía que ayudaba a alcanzar un estado de trance que facilitaba la expresión creativa.


El experto agregó que, si bien comúnmente utilizamos la palabra “chamán” para describir al practicante que dirige estas ceremonias, se trata de un concepto colonial. Y el término utilizado por algunas comunidades indígenas se traduce literalmente como “el que canta”.

“Algunos alcaloides presentes en los psicodélicos de uso clásico, como los hongos psilocibios o el LSA de la planta Rivea corymbosa, tienen propiedades psicodislépticas, lo que significa que provocan alucinaciones auditivas o modificaciones en las percepciones auditivas”, apuntó González Romero.

“Esto significa que, incluso si no tienes formación, eres capaz de crear o escuchar música que nunca antes se ha tocado para nadie en el mundo. Tal vez por eso, en la cosmovisión azteca, los hongos estaban relacionados con Xochipilli, el dios de la canción, la música, la alegría, el placer y la fertilidad”, agregó. El ritual también podía implicar ayuno y restricción sexual con fines de purificación, dependiendo de lo que el practicante considerara adecuado para el paciente.


Estas percepciones también se extendieron a la forma en que las culturas indígenas veían los psicodélicos para la curación. Algunos rituales de curación no incluía la música en absoluto, sino que se llevaban a cabo en completo silencio durante la noche con animales domésticos como gallos y perros encerrados para evitar perturbaciones.


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